InventarioGestión
Cómo llevar el inventario de tu negocio sin volverte loco (y sin Excel)
Un método para llevar el inventario sin Excel: cómo armar el catálogo, poner códigos SKU, calcular el punto de reorden y cada cuánto contar la mercancía.

Un inventario que funciona son cuatro cosas, y ninguna necesita un programa para empezar: un catálogo donde cada cosa que vendes es una línea con su nombre y su código, una cantidad que se actualiza cada vez que entra o sale mercancía, un punto de reorden por producto que te avisa cuándo pedir, y un conteo físico que se repite en un calendario y no cuando te acuerdas.
Todo lo demás —los reportes bonitos, los gráficos, las alertas— es consecuencia de esas cuatro. Si las cuatro están, el sistema que uses casi da igual. Si falta una, ningún sistema te va a salvar.
Este artículo explica cómo montar las cuatro. Si al final decides seguir con tu libreta, el método sirve igual.
¿Por qué el Excel de inventario se rompe siempre?
No se rompe por Excel. Se rompe porque el archivo y la realidad son dos cosas separadas, y solo una de las dos se actualiza sola.
Cuando vendes una crema, la crema sale del estante. La celda de Excel no se entera. Se entera cuando alguien —tú, casi siempre— se sienta a restar. Y ese alguien no lo hace todos los días, porque el día que vendes mucho es justo el día que no tienes tiempo de sentarte.
A las tres semanas el archivo dice 18 y en el estante hay 11. A partir de ahí, cada decisión que tomas con ese número está mal: pides tarde, pides de más, o le prometes a una clienta algo que no tienes.
Hay un segundo motivo, menos evidente: el archivo de Excel no guarda por qué cambió un número. Si el lunes decía 20 y el viernes dice 14, no sabes si se vendieron seis, si se rompieron dos y se vendieron cuatro, o si alguien se equivocó al escribir. Un inventario que no registra el motivo de cada movimiento no se puede auditar, y lo que no se puede auditar tarde o temprano se descuadra sin que nadie sepa dónde.
¿Qué es un SKU y cómo le pongo código a lo que vendo?
Un SKU (stock keeping unit, «unidad de almacenamiento») es el código único de una cosa concreta y vendible. La palabra clave es concreta.
La crema corporal de 400 ml y la misma crema de 200 ml no son el mismo producto: cuestan distinto, se venden a ritmos distintos y se piden en cantidades distintas. Son dos SKU. La camisa azul talla M y la misma camisa talla L son dos SKU. Si dos cosas pueden acabarse por separado, son dos SKU.
Esa es toda la regla. El error más común al empezar es agrupar de más —«cremas: 40»— y descubrir tres meses después que de las cuarenta, treinta y ocho son del tamaño que nadie compra.
Cómo inventar los códigos
No hay un estándar y no hace falta. Lo que hace falta es que el código sea legible por ti y estable en el tiempo. Tres bloques cortos funcionan para casi cualquier negocio:
FAMILIA - VARIANTE - MEDIDA
| SKU | Producto | Categoría | Costo | Precio |
|---|---|---|---|---|
| CRE-COR-400 | Crema corporal, 400 ml | Cremas | RD$285 | RD$395 |
| CRE-COR-200 | Crema corporal, 200 ml | Cremas | RD$165 | RD$240 |
| CRE-MAN-100 | Crema de manos, 100 ml | Cremas | RD$95 | RD$150 |
| PER-FLO-100 | Perfume floral, 100 ml | Perfumes | RD$1,850 | RD$2,800 |
| DES-ROL-50 | Desodorante roll-on, 50 ml | Cuidado personal | RD$110 | RD$175 |
Tres reglas para que los códigos te duren:
- Sin espacios y sin tildes. Un código con espacios se parte al pegarlo, y uno con tildes se rompe al cambiar de programa.
- Nunca reutilices un código. Si dejas de vender la crema de 200 ml, ese SKU se retira; no se le asigna a otro producto. El día que revises las ventas del año pasado quieres que
CRE-COR-200siga significando lo mismo que significaba entonces. - No metas el precio en el código. El precio cambia; el producto no. Un SKU que dice
CRE-395te obliga a renombrarlo cada vez que subes el precio, y con él se rompe todo el histórico.
Si tus productos ya traen código de barras de fábrica, úsalo como código adicional para buscar rápido en el mostrador, pero mantén tu propio SKU: los códigos de fábrica no existen para la mercancía a granel ni para lo que tú mismo armas.
¿Cómo armo el catálogo sin que se vuelva un monstruo?
Con dos límites y un orden.
El primer límite son las categorías. Entre seis y doce para todo el negocio. Menos de seis y no separan nada; más de doce y ya no te acuerdas de en cuál pusiste qué, así que el mismo producto acaba entrando dos veces en categorías distintas. La prueba está en la pregunta «¿esto dónde va?»: si dudas más de dos segundos, tienes demasiadas.
El segundo límite es el detalle. Cada campo que añades a la ficha es un campo que alguien tendrá que llenar en cada producto nuevo, para siempre. Al empezar necesitas cinco: nombre, SKU, categoría, costo y precio. Proveedor es el sexto, y vale la pena desde el primer día, porque es lo que después te deja pedir por proveedor en lugar de producto por producto.
El orden es por lo que más se vende. No empieces el catálogo por la A. Empieza por los veinte productos que más mueves, que probablemente sean el grueso de tus ventas. En dos horas tienes cubierta la mayor parte de tu negocio; el resto lo vas metiendo a medida que se venda.
¿Cómo sé cuándo pedir? El punto de reorden
El punto de reorden es la cantidad a la que, cuando llegas, pides más. No es «cuando se está acabando»: es un número escrito en la ficha del producto.
Se calcula con dos datos que ya tienes:
Punto de reorden = (lo que vendes al día × los días que tarda tu suplidor) + un colchón
Un ejemplo completo. La crema corporal de 400 ml:
- Vendes 24 al mes. Eso son 24 ÷ 30 = 0.8 al día.
- Tu suplidor tarda 10 días desde que le pides hasta que llega la mercancía.
- Mientras esperas, se venden 0.8 × 10 = 8 unidades.
- El colchón cubre que el suplidor se atrase o que caiga una semana fuerte. Con 7 días de colchón: 0.8 × 7 = 5.6, o sea 6 unidades.
- Punto de reorden = 8 + 6 = 14.
Cuando el estante marque 14, pides. No cuando marque 3.
Ahora el mismo cálculo para el perfume de RD$2,800, que se vende mucho menos:
- 3 al mes = 0.1 al día.
- El suplidor tarda 15 días: 0.1 × 15 = 1.5.
- Colchón de 10 días: 1 unidad.
- Punto de reorden = 3 (siempre se redondea hacia arriba).
Fíjate en la diferencia. La crema barata que rota rápido aguanta un punto de reorden alto porque el dinero parado es poco. El perfume caro lleva un punto de reorden bajo a propósito: cada frasco en el estante son RD$1,850 tuyos que no están trabajando. Con productos caros se pide más seguido y menos cantidad, aunque el suplidor te haga mejor precio por volumen.
Cuándo hay que recalcularlo
Cada tres o cuatro meses, y siempre después de una temporada rara. Un punto de reorden calculado con las ventas de diciembre te va a hacer pedir de más todo febrero.
¿Cada cuánto tengo que contar la mercancía?
Depende del producto, y ahí está el truco: no todos los productos merecen la misma atención.
En casi cualquier negocio, alrededor del 20 % de los productos genera cerca del 80 % de las ventas. Contar ese 20 % con frecuencia vale mucho la pena; contar con la misma frecuencia el 50 % que casi no se mueve es tiempo regalado.
De ahí sale el conteo por ciclos, que es la alternativa a cerrar el negocio dos días para contarlo todo:
| Grupo | Qué es | Cada cuánto se cuenta |
|---|---|---|
| A | Lo que más vendes y lo más caro. Cerca del 20 % de tus productos. | Una vez al mes |
| B | Rotación media. Alrededor del 30 %. | Cada tres meses |
| C | Lo que casi no se mueve. Suele ser la mitad del catálogo. | Dos veces al año |
Contar el grupo A de una tienda pequeña —treinta o cuarenta referencias— toma media hora un martes por la mañana. Y esa media hora al mes te encuentra el descuadre cuando todavía se puede averiguar de dónde salió.
Dos reglas prácticas para contar:
- Cuenta con el negocio cerrado o en la hora más muerta. Contar mientras se vende produce descuadres nuevos: alguien se lleva algo del estante que ya contaste.
- Anota primero, compara después. Si miras el número del sistema antes de contar, vas a ver lo que esperabas ver. Se llama sesgo de confirmación y le pasa a todo el mundo.
¿Y si el conteo no cuadra?
Casi nunca cuadra. Eso es normal y no es lo importante. Lo importante es qué haces con la diferencia.
Lo que no hay que hacer es corregir el número y seguir. Un ajuste sin motivo escrito es información que se pierde: al tercer ajuste ya nadie sabe si el producto se está robando, se está rompiendo o se está vendiendo sin registrar.
Lo que sí hay que hacer es escribir el ajuste con tres datos: qué producto, cuántas unidades y por qué. Los motivos reales de un negocio pequeño son cinco, y conviene usar siempre los mismos nombres:
- Rotura o daño — se cayó, se venció, llegó dañado del suplidor.
- Consumo propio — lo usaste tú, lo usó el negocio, se regaló como muestra.
- Error de conteo anterior — el número de partida estaba mal.
- Venta no registrada — se cobró y no se anotó. Pasa en horas pico.
- Faltante sin explicación — cuando de verdad no se sabe.
A los seis meses, esa lista de motivos es el reporte más útil que vas a tener. Si el 70 % de tus ajustes son «venta no registrada», tu problema no es el inventario: es el mostrador. Si son «rotura», el problema está en cómo se almacena. Y si el faltante sin explicación se concentra en los productos caros y en un turno concreto, ya sabes qué hay que mirar.
¿Por dónde empiezo si hoy tengo un cuaderno?
Cinco días, en este orden. No hace falta cerrar el negocio ninguno de ellos.
- Día 1 — Las categorías. Escribe entre seis y doce y no las toques más. Media hora.
- Día 2 — Los veinte que más vendes. Nombre, SKU, categoría, costo, precio, proveedor. Dos horas.
- Día 3 — Cuenta esos veinte. Es tu punto de partida. Sin este conteo, todo lo que venga después arrastra el error del primer día.
- Día 4 — Punto de reorden de esos veinte. Con la fórmula de arriba. Si no sabes cuánto vendes al día de algo, calcúlalo a ojo y corrígelo en tres meses: un número aproximado es infinitamente mejor que ninguno.
- Día 5 — La regla. Decide cómo se registra una salida y quién la registra. Es la única de las cinco que no se hace una vez: se hace todos los días, y es la que decide si esto funciona.
Lo de arriba se puede llevar en una libreta bien organizada, en una hoja de cálculo, o en un sistema que descuente el stock solo. La diferencia entre los tres no está en las cuatro cosas del principio —esas son iguales— sino en cuánta disciplina exige cada una para sostenerlas.